viernes, 14 de febrero de 2014

John Maynard Keynes


Biografía:

(5 de junio de 1883 – 21 de abril de 1946) fue un economista británico, considerado como uno de los más influyentes del siglo XX, cuyas ideas tuvieron una fuerte repercusión en las teorías y políticas económicas.
La principal novedad de su pensamiento radica en un sistema capitalista no tiende a un equilibrio de pleno empleo de los factores productivos, sino hacia un equilibrio que solo de forma accidental coincidirá con el pleno empleo. Keynes y sus seguidores de la posguerra destacaron no solo el carácter ascendente de la oferta agregada, en contraposición con la visión clásica, sino además la inestabilidad de la demanda agregada, proveniente de los shocks ocurridos en mercados privados, como consecuencia de los altibajos en la confianza de los inversores. La principal conclusión de su análisis es una apuesta por la intervención pública directa en materia de gasto público que permite cubrir la brecha o déficit de la demanda agregada. Está considerado también como uno de los fundadores de la macroeconomía moderna.

Principales Obras:

  •  Tratado sobre probabilidad (1920)
  • Tratado sobre la reforma monetaria (1923) 
  •  Teoría General del empleo, el interés y el dinero (1936)
  • ¿Cómo pagar la guerra? (1942)


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PRINCIPALES IDEAS:

  • Keynes sostenía que en una economía de mercado era posible mantener una situación de equilibrio con desempleo. El Estado tiene la obligación de intervenir para estimular la demanda agregada y así propiciar el pleno empleo. Argumentaba Keynes que el desempleo masivo es el resultado de una demanda agregada insuficiente. Por lo tanto, para corregir tal situación el Estado debía intervenir y establecer ciertos “controles vitales” a fin de ejercer una influencia orientadora del gasto público. Para Keynes, a través del libre mercado no era posible alcanzar la meta del pleno empleo, pero aún en el caso de que circunstancialmente alcanzase por esa vía, tal situación no sería duradero, puesto que siendo el mercado inestable, muy pronto la economía tendría que abocarse bien a una recesión o bien a un auge inflacionista.
  • Keynes subrayó que la prosperidad depende del fluir continuo de un volumen suficiente de gasto en la economía. Como quiera que el gasto de los consumidores es realmente estable, los cambios en el La prosperidad depende de la inversión; porque si no se hace uso del ahorro, entonces se inicia la contracción de la economía.
  • Keynes subrayó que la prosperidad depende del fluir continuo de un volumen suficiente de gasto en la economía. Como quiera que el gasto de los consumidores es realmente estable, los cambios en el ciclo económico están determinados por los cambios en el volumen del gasto en inversión. Si la inversión decae, el gasto disminuye, la fluidez del dinero disminuye también y se inicia la contracción económica.
  • La inversión es una rueda motriz de la economía en la que no se puede confiar; sin que los empresarios tengan de esto culpa alguna, se encuentra amenazada constantemente, y esto equivale a la contracción económica.
  • Keynes atribuye a la importancia de las expectativas como una fuerza motriz que pone en marcha la inversión. Cuando la perspectiva es desalentadora, la inversión se detiene simplemente.
  • Una economía en estado de depresión puede muy bien no salir de ella; no hay nada inherente en esta situación que sea capaz de rescatarla.
  • Este es la idea más compleja. Los economistas anteriores a Keynes pensaban que durante una recesión existirían ahorros no utilizados, y que estos ahorros darían lugar a que bajase el precio de los mismos, es decir, el tipo de interés. El efecto de la baja del tipo de interés estimularía de nuevo la inversión, con lo cual comenzaría un movimiento ascendente. Todo el mecanismo era tan automático como aquel mediante el cual el mercado se descongestiona de una oferta excesiva de zapatos hace que el precio de estos baje, la baja del precio de los zapatos hace que la gente compre más zapatos, y de esta manera se descongestiona el mercado. Keynes hizo notar que en el fondo del ciclo económico no se produciría una crecida de los ahorros, porque a medida que el poder adquisitivo de la gente disminuía, también se mermaban sus ahorros.
  • Cuando vacila el gasto en inversión, se precisa de una intervención del gobierno con el fin de mantener en la economía el nivel del gasto.
  • Este punto se basa en la necesidad de la intervención del gobierno para mantener el empleo total. El mecanismo de compensación que Keynes proponía cuando se debilitara la inversión privada, era el gasto gubernamental. Esto produciría simultáneamente un doble efecto: introduciría mas dinero a la economía y, al hacerlo estimularía la inversión privada.
    El punto crucial del mensaje de Keynes era, pues, que el gasto del gobierno podría ser una política económica esencial para un capitalismo deprimido que tratara de recuperar su vitalidad.
    La idea central que Keynes aportó al pensamiento económico moderno fue la de que no existe ningún mecanismo automático para mantener el empleo total ni para sacar a la economía de una caída. Por esta razón resultaba necesaria una acción consciente por parte del gobierno, haciendo entrar en juego el gasto público, lo cual significa él estimulo público de la inversión o del consumo privados.


    CURIOSIDAD:

    La fascinación homoerótica de Keynes por Sergéi Diaghilev le llevó a conocer en octubre de 1918 a Lidya Lopokova,una bailarina rusa de su compañía, con quien contrajo matrimonio luego de un viaje por Taiwán.


    RIVALIDAD CON HAYEK:



    John Maynard Keynes y Friedrich Hayek. Los nombres evocan polos opuestos del pensamiento sobre la elaboración de la política económica: Keynes suele ponerse como ejemplo de paladín de la intervención gubernamental enérgica en los mercados, mientras que Hayek está considerado el defensor del capitalismo liberal. 

    Lo que realmente pensaban estos hombres -sobre la economía y uno del otro- es más complicado, como demuestra Nicholas Wapshott (Dursley, Reino Unido, 1952) en Keynes Hayek: el choque que definió la economía moderna. Este vívido relato investiga una de las preguntas económicas más acuciantes de nuestra época: ¿hasta qué punto debe el Gobierno intervenir en los mercados? Y en esa búsqueda, sigue el rastro de la relación recíproca entre los dos hombres que más responsabilidad tienen en la forma en que abordamos esa pregunta: el economista británico Keynes y el economista austriaco Hayek. Ambos llegaron a la mayoría de edad intelectual en la posguerra de la Primera Guerra Mundial. Vivieron el auge económico de los años veinte y la Gran Depresión y llegaron a opiniones radicalmente distintas sobre si es sensato permitir que el capitalismo de libre mercado siga su curso. 

    Keynes llegó a la conclusión de que los mercados no generarían automáticamente el pleno empleo y que durante las crisis económicas podría haber largos periodos de paro a gran escala. Sostenía que el Gobierno tenía el deber de aliviar el sufrimiento de los parados aumentado la demanda agregada de bienes y servicios. 
     ayek llegó a una conclusión muy diferente. Tras participar en la Primera Guerra Mundial, encontró su amada Viena “asolada y la confianza de su pueblo destruida”, escribe Wapshott. Durante la década siguiente, la hiperinflación castigó la economía austriaca e hizo desaparecer los ahorros de millones de personas. Esta experiencia, sostiene Wapshott, volvió a Hayek inflexible “con quienes defendían la inflación como cura para una economía en quiebra”. Y llegó a creer “que quienes defendían los programas de gasto público a gran escala para acabar con el paro estaban incitando no solo una inflación incontrolable sino también a la tiranía política”. 



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